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ÁGUILA CORAZÓN DE GORRIÓN



En la cima de un montaña, alta como el cielo,

moraba triste un ave muy bello.

Era un águila de brillante plumaje, patas de hierro,

esbelta figura y alas de viento.

Pero ese águila, aunque para el resto del mundo

era el Rey del firmamento, su alma frágil

tan solo le permitía verse pequeño, muy pequeño.

Cuando descendía al suelo, para beber del arroyo,

para oler las flores, su mayor deseo ...

buitres de espíritu cruel y negro cuerpo,

picoteaban con despecho su cristalino corazón,

porque claro y como el agua, su espíritu noble brillaba

y era tentativa irresistible para los crueles del cielo

que, envidiando su belleza y bondad, caían sobre él

con la malicia de los dolientes, de los necios.

A salvo en su morada, llorando meditaba:

-¿como decía mi madre que soy águila y no gorrión?

si un águila es el ave más hermoso, potente y robusto,

es el rey de los cielos y de hierro es su corazón...

¿cómo puedo ser yo águila y no gorrión?

si soy tan pobre y pequeño, pues me duele

y se me extingue el alma, cuando a cientos

(que son menos, pues el dolor como el alcohol duplica los sentimientos)

con sus picos y maldad destruyen mi corazón.

Mientras sufriendo, sus plumas desplegaba al viento,

jugaba llorando y sin saberlo con las hadas.

Desde abajo, en el suelo, no había imagen más hermosa,

que ese gran Rey retozando con sus alas, en el Olimpo del firmamento.

Y los más pequeños, al verlo, soñaban con ser de mayor,

aquel Rey majestuoso, de dorado corazón.

Pero cada picotazo de los crueles buitres

debilitaban su alma, hasta tal punto que sus alas,

no pudieron seguir sosteniendo,

el cuerpo de águila y no de gorrión.

Y una fría noche de invierno,

desde lo alto del cielo, el Rey, cayó.

¿Cómo pudo su mente distorsionar con el dolor,

las heridas ficticias de su dulce corazón?

Pues su plumaje fue coraza de duro acero

y el pico de esas aves apenas le desunieron una pluma de su cuerpo.

Pero él no creía ser un águila, y un gorrión.

al primer picotazo hubiese muerto, por eso

en el suelo, con las alas desplegadas y dibujando

con su cuerpo una gran cruz, MURIÓ.

La debilidad de su alma dejó a este mundo, sin la hermosa visión,

de ese gran Rey retozando, con sus plumas,

en el Olimpo del firmamento.

Y las hadas lloraron la huida del ave más bello,

de aquel majestuoso águila con corazón de gorrión.


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